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Mis razones y mi voto

Por: Rodrigo Uprimny

Dudé en revelar mi voto porque fui director y hago parte de Dejusticia y no quiero que esta explicación sea vista como una afiliación partidista de nuestra institución. Dejusticia es una organización no partidista y pluralista y por ello esta columna sólo me compromete a mí individualmente y no a la institución ni a sus miembros. Es más, varios de mis colegas más cercanos discrepan de mi opción electoral, con razones que respeto.

Si finalmente revelo mi voto es por la importancia de esta elección y porque a veces creo que los lectores tienen derecho a conocer la opción del columnista, con el fin de evaluar si su preferencia electoral sesga sus análisis y posiciones.

Mi punto de partida es que Colombia ha tenido avances importantes pero enfrenta aún problemas enormes: defender la vida, consolidando una paz integral; fortalecer el Estado social de derecho, combatiendo las corrupciones y las ilegalidades; defender el pluralismo y las libertades, lo cual implica proteger la laicidad del Estado y las conquistas de las minorías étnicas y sexuales; reformar la justicia sin tirar por la borda la independencia judicial; transformar la política y el sistema electoral para superar el clientelismo; enfrentar nuestras intolerables desigualdades sociales, con un modelo de desarrollo socialmente incluyente y ambientalmente sostenible, lo cual supone avanzar a una economía más fundada en el conocimiento que en el extractivismo; todo lo anterior implica un profundo reordenamiento territorial; debemos lograr una posición digna en el escenario internacional, que nos permita, entre otras cosas, promover la reforma de la irracional política frente a las drogas; etc, etc.

Esta visión me aparta profundamente del Centro Democrático, por su entorno de ilegalidades y su campaña contraria a la paz y al pluralismo, con propuestas que polarizan y ponen en riesgo el Estado de derecho.

Vargas Lleras preserva un modelo económico extractivista y un entorno clientelista que difícilmente le permite enfrentar esos desafíos.

De la Calle tiene propuestas sólidas pero es el candidato de un partido liberal cuyo comportamiento clientelista contradice sus propuestas.

Petro, quien fue un excelente senador, ha hecho una excelente campaña y varias de sus propuestas son buenas y recogen aspiraciones populares, por lo cual entiendo el fervor que ha despertado. Pero tiene un particular estilo caudillista, que no sólo le hace difícil construir equipos políticos cooperativos sino que además alimenta la polarización, como lo mostró su paso por la alcaldía. Esto en el actual contexto no es un defecto menor pues Colombia debe enfrentar todas estas difíciles tareas sin perder los logros ya alcanzados en décadas anteriores, muchos de ellos sintetizados en la Constitución de 1991, por lo cual necesitamos un gobierno que convoque y no que divida, con el fin de reducir la creciente polarización política.

Por eso mi opción en primera vuelta es Fajardo. Su trayectoria política muestra que tiene un estilo de gobierno limpio y con capacidad de convocar, en vez de dividir, aunque infortunadamente su campaña, que ha sido regularzona, ha sido a veces también divisiva, lo cual es contradictorio. Sus propuestas, aunque a algunas les falta a veces concreción, están bien encaminadas a enfrentar los desafíos que mencioné. La gran crítica en su contra es que sería tibio por cuanto a veces expresa dudas en ciertos puntos y no asume posiciones tajantes frente a ciertos problemas. Pero ese supuesto defecto es para mí una virtud pues muestra la apertura mental para discutir y construir consensos en torno a problemas difíciles. De un gobernante debemos esperar no tanto rigidez en sus posiciones sino solidez en sus principios éticos, que Fajardo ha mostrado en su gestión pública.